En la piel de Madonna

Michelle Peck (en la foto, la verdad es que parece su doble) era uno de los secretos mejor guardados de las estrellas.
Hasta que ella misma se convirtió en una. La esteticista de cabecera de la reina del pop cuenta por qué los tratamientos faciales a base de oxígeno triunfan.
Ser la esteticista de Madonna puede que no sea la mejor de las cartas de presentación. O sí. Porque el estado de conservación de esta señora genera opiniones de lo más contrarias. Lo crean o no, en según qué círculos, sus poros son un tema de intenso debate.
Siempre que se ha filtrado alguna foto en la que no sale retocada, los blogs más incendiarios y las revistas más cáusticas no han dejado de señalar con un circulito rojo la ausencia de Fotoshop en su rostro.
Sin embargo, también es cierto que cada vez que da un concierto, el periodista de turno lo reseña haciendo alusión a "lo bien que está para su edad". E intente usted convencer a cualquiera de sus devotos de lo contrario.
Sea como fuere, cuando Madonna ve a Michelle Peck, se le ilumina la cara. Ella es quien desde 2005 le pule el rostro gracias al tratamiento a base de oxígeno bajo presión de la firma O2 Intraceuticals.
Un proceso de abrillantado que, además, es bidireccional. Y no depende de una única estrella.
La cartera de clientes de Peck incluye a todo aquel que reluzca bajo el sol de California, y tanto roce le ha colocado a ella en la categoría de famosa entre los famosos. El secreto que se han pasado unos a otros hasta que ha dejado de serlo.
Nacida en Kansas y de ascendencia cherokee, huelga decir que Peck tiene un cutis inmaculado. Algo a lo que probablemente contribuya su joven marido.
Ella no le quita méritos. "Le conocí durante la última gira de Madonna cuando hizo parada en Italia. Era nuestro guardaespaldas. Empezó a perseguirme, pero yo le ignoraba porque era… pequeño. Él tiene 29, y yo, 41. Es de un pueblo de Sicilia.
Es muy tradicional y me encanta. Yo estaba diciendo: 'No tienes ni 30 años y te quieres casar y tener hijos. ¿Estás seguro?".
Se agota el tiempo y nada de esto resultaría convincente sin una demostración. Peck se quita los anillos (excepto el de casada)





